martes, 8 de marzo de 2011

Fuenlabrada 69 - Barcelona 66: equipo heroico, momentos gloriosos

Termina el partido y la afición se niega a irse, reclaman a los jugadores, que vuelvan a salir para poder agradecerles el pedazo de partido que se han marcado, y que ellos disfruten de la alegría de la gente.

Un grupo castigado por las bajas y la precaria economía regresa a la pista disfrazado de campeones, de guerreros suicidas enfrentados a gloriosas legiones, de triunfadores.

En sus caras se pueden ver solo sonrisas y jolgorio, adivinándose felicidad, nada de cansancio. Botan y Leo saca a su niña para que disfrute con su padre, ese pívot que ahora nos parece un inmenso gladiador (15 puntos, 6 rebotes y mucho trabajo), todos ríen.




Poco antes en los últimos segundos del partido con el marcador ajustado, parecía la típica historia, el barca maniatado ha empezado a carburar, Navarro se ha echado todo a la espalda y comprimen la diferencia al mínimo.
Mainoldi al triple, Leo ha cerrado tantos partidos este año que la esperanza se refuerza, si lo mete nos vamos de 5 en el último minuto, pero él mismo se lleva las manos a la cabeza.

No hay tiempo para desesperarse, toca defender la carga blaugrana, silbidos, presión desde la grada, y de repente se van añadiendo gargantas al griterío, se patean suelos para que retumben.

Mientras se caen los segundos más y más gente va haciendo ruido hasta que solo existe una voz de más de 5000 personas gritando en los oídos de los visitantes. Morris falla su triple, pero toman el rebote, ya no parece que pueda quedar tiempo para otra jugada. El climax de la película ha llegado, pero el barca no encuentra fisuras en la defensa, las gargantas no desfallecen, y solo logran encontrar a Ndong.

Que en un equipo con Navarro, Lakovic, Anderson y Morris en pista, todos abiertos y buscando el triple definitivo, la bola decisiva se la juegue Ndong (de 2 evidentemente) es un mal menor, Ayon contra el senegalés, dos rocas físicas de inmensa fuerza, pero mucho más alto y de brazos interminables el atacante.
Recula, bota, recula, intenta el reverso, demasiado largo y con paradiña, se eleva para lanzar pero Ayon resiste con los brazos en alto y repele la bola. Explosión de júbilo.

Confieso que ese momento, ni me percate de los pasos, estaba ocupado chillando y saltando, pero si hubiera visto al árbitro silbar me hubiera dado algo en la fracción de segundo que se definía el sentido de la señalización.
Ayon no había bajado los brazos en ningún momento, y Ndong había cometido pasos en su reverso que interrumpió para luego volver a moverse en el salto.

La cara de Gustavo reflejaba la satisfacción, no se les podía escapar.
Últimos segundos con faltas azulgranas, y tiros libres de Colom fallando el segundo, Ayon palmea y Laviña casi es atropellado por un Rabaseda que quería el balón para casi incrustarlo en el techo del pabellón. Se desata la celebración.

Antes incluso el equipo había saltado a pista con un nivel de concentración brutal. Suelen decir los entrenadores que lo más difícil es gestionar las motivaciones, pero que ante los grandes la gente se auto motiva, y debió ser cierto, por que el Fuenla realizo un primer cuarto primoroso.

Anotarle 25 puntos en un cuarto al gran favorito del año es un lujo, si lo haces casi sin fallos sabes que mantendrás el pulso a cualquiera, pero ese ritmo hay muy pocos equipos que lo puedan mantener. Los campeones saben que solo la defensa es constante, que el ataque vive de momentos. Y eso el Barca lo sabe como nadie, trabajan la defensa como nadie, y ceden al ataque al talento descomunal de sus jugadores.

No se que es más meritorio, si hacerle esos 25 puntos, o limitarle a 18. Pero claro, si en el segundo les restas a 12. Si solo en un cuarto (el tercero) logran pasar de la veintena, si le concedes tan solo 66 puntos al final del partido, significa que has realizado una defensa casi perfecta.

El barca perdió 17 balones, pero muchos de ellos fueron errores forzados, más alla de la estadística de robos (a veces injusta con las presiones), pero es que hay más detalles, puesto que pivots que viven por encima del aro vieron como un juego interior de no demasiada altura se quedaba a tan solo dos rebotes, hacia un mate más que ellos y se atrevía a realizar un alley-hoop (Biyombo en el que por poco mete la cabeza en el aro.




Xavi Pascual lo intentaba todo, podría quejarse de que solo dos de sus jugadores anotaron de 3, pero es que de los nuestros fueron solo 3. 28%-25%. El partido se decidiría en la zona, pero en el debe del entrenador catalán el no haber puesto freno a los errores de Morris (3 de 12)

Kus, Mainoldi y Ayon se turnaban para anotar sin descanso mientras Laviña y Rabaseda defendían maravillosamente, todo el mundo tenía clara su función, incluso dos bases que intercambiabam sus puestos, con un acertado Kristaps Valters dando relevos un cada vez más sólido Quino Colom.
Los árbitros, después de algunos sonoros despropósitos no estuvieron tan mal como acostumbran este año (que lejos parece aquella frase de que eran los mejores de Europa), pero aunque se atrevieron a cortar las quejas del banquillo visitante, fue “llamativo” que una defensa desesperada y agobiante como la del barca entrara en el último minuto sin una sola falta en todo el cuarto final.

Pero daba lo mismo, este equipo cree en si mismo como ningún otro, podrán ser los últimos en presupuesto, los desheredados sin patrocinador, pero desde luego son campeones del mundo en ilusión, en confianza y en atraer a la gente.

El pabellón Fernando Martin suele ser ruidoso, pero lo del último ataque del barca fue de traca, de ponerse los pelos de punta y de creer que era imposible anotar en ese momento.
Y el público es el mismo de siempre, pero este equipo fue capaz de ponernos a todos en pie.

No fuimos nosotros los que les reclamamos volver a pista, sino ellos los que nos hicieron esperar a que volvieran, los que nos hacen creer en cualquier cosa.
Y Maldonado les incita, porque todo el mundo debe ser consciente de los problemas, pero lejos de amilanarse o conformarse su discurso es que debemos tener las agallas de intentar agarrar el playoff, y que quien quiera quitárnoslo tenga que sudar sangre para ello.

Una crónica del partido de ayer solo puede empezar y terminar con la misma escena, con el publico entregado al equipo, y el equipo ovacionando al publico

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